El amanecer se lanza sobre la ciudad de cristal
y el aire de la noche se vuelve más denso, perdiendo su fragilidad
los primeros rayos de sol confunden las ventanas con espejos
haciendo rebotar cálidos haces de luz en todas direcciones
y por una rendija de la suerte alcanzan la pupila recién nacida
y en la mañana inocente todo parece posible
incluso despertar.